Get Adobe Flash player

Inicio de sesión

 

Inicio

¡Wachikü sünain Weinain… Ayatawa süma müliya ! ¡Nuestra historia en Nuestros tejidos… trabajo y pobreza!

 
 
Milenariamente nuestra Guajira “wajirra” wayuu ha venido luchando en el tiempo resistiendo a sus formas de homogeneización, manteniendo sus rasgos y  tradiciones de modo que podamos seguir hilando nuestras formas de concebir el mundo, historia y sabiduría milenaria en el tiempo.
 
En los últimos años la demanda comercial ha crecido con relación a nuestros productos artesanales (mochilas, chinchorros, sombreros, entre otras) dado que en ellos encuentran atracción para la comercialización en vitrinas y tiendas nacionales e internacionales. El negocio que por un lado se ve no viciado expone las muestras y productos artesanales de cientos de mujeres wayuu que se dedican a esta labor milenaria. En nuestro recorrido por las comunidades y calles de Maicao nos encontramos que muchos de los precios no son justo frente al trabajo que le son dedicadas a estas piezas de arte único. Muchas mujeres las vemos tejiendo en andenes y en pequeños módulos comerciales (quioscos)  donde se venden mochilas y otros productos producidos por ellas al mayor y al detal.
A simple vista da la impresión de que el negocio fuese de ellas, pero no, solo son contratadas para tejer y dar fe de que la mercancía si es hecha por manos wayuu, el negocio es una inversión de alguien, quien si tiene los recursos para montar una infraestructura visible y llamativa para comercializar los productos. Las mujeres tejedoras wayuu solo reciben algunas monedas, regaños e insultos de sus empleadores quienes las  obligan a correr por que alguien solicito un producto y no estaba en sus Stan de ventas. Muchas mujeres tejedoras salen de sus comunidades a buscar una oportunidad laboral para llevar a casa comida, medicina y productos de uso diario, (jabon, crema dental, desodorante entre otras). 
Y es que el territorio wayuu en los últimos años ha mostrado una hostilidad en su clima. Muchos cultivos, y rebaños se han perdido debido a las altas temperaturas y la prolongación de la sequía que hace hoy se muestre una guajira llena de pobreza y hambre. Tradicionalmente el wayuu ha vivido de su economía propia, la ganadería caprina que más que una economía es una garantía de conservar armonía colectiva y social en el territorio. Las mochilas y demás creaciones de las mujeres tejedoras eran aprendizajes y sabidurías de las mujeres ancianas que las enseñaban para que sedujeran a sus esposos. Hoy esta herencia milenaria ha sido una oportunidad para muchos y pobreza para quienes tejen y viven con poco en sus rancherías.
¿Sabrá el mundo en qué condiciones viven las mujeres artesanas y tejedoras wayuu?  ¿Sabe el mundo que una mujer wayuu tiene que desprenderse de todo para crear una mochila u otra obra de sus manos? No. No creo que lo sepan, si entendieran el rostro de una de estas mujeres tendrían que pagar justo por estas creaciones.
El mercado crece cada día y las creaciones artesanales tejidas por cientos de mujeres, son vendidas a un 2000% frente al precio por el que las adquirieron. Ellas llevan a sus rancherías el cansancio y la satisfacción de llevar comida a sus casas. Ellas nos saben cuánto vale una mochila en una vitrina comercial en las grandes ciudades, ni sabe quiénes son los grandes artistas que las lucen, solo buscan vivir y enseñar este legado a futuras generaciones que serán nuestros rostros en el mañana.
Cuando una mujer wayuu teje una mochila es un hijo que está concibiendo, creación que alcanza  vida a través de toda su destreza y dedicación. Quien teje una mochila tiene la habilidad de cultivar el respeto a las diferencias y formas de ver el mundo, además de ver desde el silencio la forma de cómo hablar. Cuando empleo el termino hablar me refiero a la denuncia y expresión de libertad esa condición que generamos cuando queremos postular o manifestar un desacuerdo o sentimiento de  tristeza, apego y alegría.
 
Muchas de estas productoras de arte transmiten sus energías al tejer una mochila, desde su silencio hacen la invitación a seguir el círculo de la vida. Silena Uliana recuerda con una sonrisa tenue en sus labios la primera mochila que hizo. Narra que en medio de la soledad, allí en su encierro (su primera menstruación paso de niña a mujer) escuchaba todos los sonidos que sucedían alrededor, sonidos que vivía desde su chinchorro y los sentía cercano como si sus ojos los estuviera viendo, escuchaba las risas de niños y sus llantos, muchas veces el tiempo perdió sus huellas y cuando se acordaba de ella era de noche, sabía que era de noche por que en el techo había un huequito que daba al exterior y podía ver a las estrellas y al luna. Al Luna si, masculino, para los wayuu el luna es hombre es ese quien por las noches llega a las ventanas y a muchas enramadas a escuchar y a acortejar a las mujeres majayut o señoritas. Allí desde ese silencio de tres meses de encierro Silena Uliana hizo su primera creación manual artesanal, le imprimió toda su dedicación, sentimiento, apego y soledad a su mochila, no ha hecho otra igual, si hiciese otra igual no sería la misma, porque no tendría el mismo valor afectuoso. Es por esto que muchas veces indignada manifiesta su tristeza al ver que muchas personas no valoran su arte y ve  también como desvalorizan el trabajo de sus manos.
 
Por: Ramiro Epiayu Morales

VISITANTES